Síndrome Miofascial Dorsal
Generalmente este tipo de contractura se desencadena como consecuencia de sobrecargas producidas por otras situaciones como son la degeneración y deterioro del disco intervertebral, de una hernia de disco o de un síndrome facetario entre otros. Otros factores como posturas inadecuadas, accidentes de tráfico o algunos trabajos con hábitos inadecuados pueden producirlas.
Síntomas
Dolor en la zona de contractura del músculo. Dolor distante y alejado de la zona contracturada Contractura con limitación de la movilidad
Prevención del síndrome miofascial dorsal
Higiene postural Mantener la espalda recta al estar sentado o de pie. Evitar encorvarse frente a computadoras o celulares. Ajustar altura de escritorio, silla y pantalla para una postura neutra. 2. Fortalecimiento muscular Ejercicios de espalda media y alta (dorsales, romboides, trapecio). Fortalecer el core (abdominales y lumbares) para dar soporte a la columna. 3. Estiramientos y movilidad Estiramientos diarios de dorsales, pectorales y cuello. Movilidad de columna torácica: rotaciones suaves, inclinaciones laterales. Ejercicios de apertura de hombros y pecho para contrarrestar la postura encorvada. 4. Evitar sobrecarga No levantar peso de forma brusca o repetitiva sin técnica adecuada. Alternar tareas que requieren esfuerzo físico con pausas activas. Repartir cargas si se transportan objetos. 5. Manejo del estrés y tensión muscular Estrés y ansiedad pueden aumentar la tensión muscular → favorecer puntos gatillo. Técnicas de respiración, relajación, yoga o meditación. 6. Hábitos saludables Mantener actividad física regular y aeróbica (caminar, nadar). Evitar sedentarismo prolongado. Dormir en colchón adecuado y usar almohada que soporte la postura correcta del cuello y hombros. 7. Prevención laboral y doméstica Ajustar ergonomía de oficina o espacio de trabajo. Realizar pausas activas cada 45–60 minutos si se trabaja sentado. Evitar movimientos repetitivos sin descanso
Tipos de dolor en el síndrome miofascial dorsal
Dolor local Sensación de molestia o presión en el músculo donde está el punto gatillo. Se percibe al presionar la zona o al mover la espalda. Dolor referido Dolor que se percibe en un área diferente a donde está el músculo afectado. Ejemplo: punto gatillo en trapecio puede generar dolor en cuello, hombro o brazo. Dolor sordo o profundo Sensación de pesadez o tensión en la espalda media o alta. Dolor constante, de intensidad moderada, que aumenta con el estrés o la fatiga. Dolor punzante o agudo Se presenta al estiramiento brusco del músculo afectado o al realizar movimientos específicos. A veces se confunde con dolor articular o radicular. Dolor irradiado tipo neuropático (menos frecuente) Hormigueo o sensación de “corriente” en el área de irradiación, por irritación de estructuras cercanas. No es verdadero dolor nervioso, pero puede imitarlo. Dolor postural o mecánico Empeora al mantener posturas prolongadas (sentado, encorvado, trabajando en computadora). Mejora al cambiar de posición o al estiramiento.
Tratamiento no intervencionistas: tratamiento de las lesiones existentes en los discos o articulaciones adyacentes que producen y/ o favorecen la contractura muscular. Esto permitirá que los resultados obtenidos se prolonguen en el tiempo. Ejercicio terapéutico: tratamientos de fisioterapia activa en los que se desarrolla la musculatura encargada de proteger la zona. Fisioterapia: metodología basada en el conocimiento y razonamiento clínico en la que combinación una serie de técnicas y tratamientos tanto de terapia manual y técnicas invasivas, siempre asociada o complementándolas con tecnología vanguardista que nos permite acelerar los procesos de recuperación. Entre otros dispositivos de alta tecnología cabe mencionar la Magnetolith, SIS, ondas de choque focales, Indiba, entre otros. Esta combinación terapéutica nos permite activar precozmente al paciente para comenzar con una rutina y un proceso de ejercicios terapéuticos específicos que nos permiten potenciar y fortalecer los patrones funcionales perdidos.
Diagnóstico y valoración
Será necesaria una correcta evaluación médica por medio de una buena anamnesis, exploración física y, en caso de ser necesario, apoyo de pruebas de imagen centrándonos especialmente en detectar el origen y causa del dolor. Pruebas complementarias Podrá realizarse resonancia magnética y/o TAC para valorar si existen lesiones en discos o articulaciones que sean causa de esta contractura muscular persistente.
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