Dolor dorsal
Musculoesqueléticas (las más comunes) Mala postura (estar encorvado, uso prolongado de computadora o celular). Sobrecarga muscular (cargar objetos pesados, ejercicio intenso). Contracturas por estrés o tensión emocional. Escoliosis o alteraciones posturales que generan sobreuso de ciertos músculos. Traumatismos (golpes, caídas, esguinces). 2. Articulares y óseas Artrosis dorsal (desgaste de las articulaciones facetarias de la columna torácica). Hernia o protrusión discal dorsal (menos frecuente que en cervical o lumbar, pero posible). Espondiloartritis o enfermedades inflamatorias. Fracturas vertebrales (osteoporosis, caídas). 3. Neurológicas Compresión de raíces nerviosas torácicas → dolor que puede irradiar hacia el tórax o costillas. Neuralgia intercostal (dolor en banda alrededor del tórax). 4. Viscerales (dolor referido) El dolor dorsal a veces no viene de la espalda, sino de órganos internos: Cardíacos → angina de pecho, infarto (dolor irradiado hacia la espalda). Digestivos → úlcera gástrica, pancreatitis, reflujo. Pulmonares → neumonía, pleuritis, embolia pulmonar. Renales → cálculos, infecciones (puede sentirse en zona dorsolumbar). 5. Otros factores Estrés crónico → genera tensión muscular persistente. Sedentarismo y debilidad muscular → favorecen el dolor postural.
Síntomas
Los síntomas más frecuentes del dolor dorsal pueden variar según la causa, pero incluyen: Dolor localizado en la parte media de la espalda Rigidez o limitación de movimiento Dolor que se intensifica al estar mucho tiempo sentado o de pie Sensación de pesadez o contractura muscular Dolor que se irradia hacia el pecho o costillas Molestias al respirar profundamente o al girar el torso En casos más graves: hormigueo, pérdida de fuerza o dolor nocturno persistente Si el dolor se vuelve crónico o aparece acompañado de fiebre, pérdida de peso, dificultad para respirar o antecedentes traumáticos, es importante acudir al médico de inmediato.
Prevención del dolor dorsal
igiene postural Mantener la espalda recta al estar sentado, con apoyo lumbar. Evitar encorvarse al usar computadora o celular (“joroba digital”). Ajustar la altura de la pantalla y la silla de trabajo. Dormir en colchón firme y con almohada adecuada (ni muy alta ni muy baja). 2. Actividad física regular Fortalecer músculos de espalda, abdomen y hombros (ejercicios de core y posturales). Ejercicios de movilidad y estiramientos diarios (especialmente de pectorales y dorsales). Evitar el sedentarismo prolongado. 3. Manejo de cargas Levantar objetos flexionando las rodillas, no doblando la espalda. Repartir el peso entre ambas manos o usar mochila de dos tirantes. No cargar peso excesivo de un solo lado. 4. Ergonomía laboral y doméstica Adaptar escritorio, silla y computadora a la altura adecuada. Hacer pausas activas cada 45–60 minutos si se trabaja sentado o de pie mucho tiempo. En tareas domésticas (planchar, cocinar, barrer) mantener la espalda recta y evitar inclinaciones prolongadas.
Tipos de dolor
Dolor radicular dorsal El dolor radicular se puede producir en la región dorsal por la compresión de un nervio radicular durante su recorrido desde la médula hasta su fin. En esta parte de la columna esta compresión se manifiesta como una sensación de hormigueo, de adormecimiento o en forma de sensación de electricidad (término conocido como parestesia o disestesia) que se puede percibir en las diferentes partes del tórax, en uno o dos lados. Este síntoma puede ser causa de una molestia importante en quien lo padece pudiendo además alteraciones en la capacidad motora de la zonaSíndrome miofascial de la región dorsal El síndrome miofascial de la región dorsal es un cuadro de dolor muscular mantenido en el tiempo que se produce por la contractura persistente de un músculo o un grupo muscular. Esta es, de entre todas, la causa más frecuente de dolor en la región dorsal. Esta contractura se caracteriza por presentarse como una banda tensa, palpable en el músculo (la contractura), que presenta consistencia aumentada y que al presionarla produce dolor en la zona de la contractura o en el trayecto del músculo.
isioterapia para el dolor dorsal Nuestros fisioterapeutas aplican técnicas personalizadas para aliviar el dolor y mejorar la movilidad: Terapia manual y liberación miofascial Ejercicios de fortalecimiento y movilidad de la zona dorsal Punción seca y técnicas neuromusculares Reeducación postural y control motor Electroterapia, tecarterapia o láser terapéutico Programa de ejercicios para casa supervisado 3. Tratamientos intervencionistas del dolor En casos de dorsalgia crónica o resistente al tratamiento convencional, ofrecemos: Infiltraciones guiadas por imagen (facetarias, paravertebrales) Bloqueos de nervios intercostales Radiofrecuencia en nervios mediales para el control del dolor Cada plan terapéutico se adapta a las necesidades del paciente y busca la mejora funcional y la prevención de recaídas.
Diagnostico
Historia clínica (anamnesis) Inicio y evolución: ¿apareció de forma repentina o progresiva? Relación con actividad: ¿empeora al estar sentado, trabajar, hacer esfuerzo, respirar? Características del dolor: mecánico (con movimiento) vs. inflamatorio (en reposo, nocturno). Síntomas asociados: falta de aire, dolor torácico, síntomas digestivos, fiebre, pérdida de peso. Antecedentes médicos: osteoporosis, artrosis, traumatismos, enfermedades cardiacas o pulmonares. 2. Exploración física Inspección postural: hombros caídos, escoliosis, hipercifosis dorsal. Palpación: contracturas musculares, puntos dolorosos, rigidez. Movilidad: limitación al flexionar, extender o girar el tronco. Neurológico: fuerza, reflejos y sensibilidad para descartar compresión nerviosa. 3. Pruebas de imagen (según sospecha) Radiografía de columna dorsal: descartar fracturas, deformidades, artrosis. Resonancia magnética: útil si se sospecha hernia discal, compresión nerviosa o inflamación. TAC: en fracturas o lesiones óseas más complejas. 4. Estudios complementarios (si se sospecha causa no musculoesquelética) Electrocardiograma y enzimas cardiacas: si se sospecha origen cardíaco. Ecografía o TAC abdominal: si se sospecha origen digestivo o renal. Estudios pulmonares (radiografía de tórax, espirometría): si hay tos, fiebre, dificultad respiratoria. Analítica sanguínea: marcadores inflamatorios, infecciones, enfermedades reumáticas.
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